Sermón sobre Hechos 2:36-42

La iglesia de San Marcos

Watertown, Wisconsin

Pastor Karl Walther

14 Mayo 2000

 

 

 

            Mis amigos, ustedes se han hecho miembros de esta iglesia.  ¡Lo consideramos bendición maravillosa de Dios!  Esta noche estamos celebrándolo en manera especial. 

            Puede ser que ustedes todavia tienen preguntas.  ¿Qué significa hacerse miembros de una iglesia?  ¿Qué haremos nosotros de hoy en adelante?  Y ¿Qué significa en cuanto a la santa cena? 

            Pues, las respuestas leemos en Hechos capítulo dos, versículos treinta y seis hasta cuarenta y dos-- las palabras de Pedro en Pentecostés y los sucesos después:

            «Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»

            Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos, y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles.  «Hermanos, ¿Qué debemos hacer?»

            «Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados» les contestó Pedro «y recibirán el don del Espíritu Santo.  En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar.»  Y con muchas otras razones les exhortaba insistentemente: «¡Sálvense de esta generación perversa!»

            Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas.  Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 

           Mis amigos, como dicho, ustedes se han hecho miembros de esta iglesia.  En Pentecostés, los cristianos primeros se hicieron miembros de la primera iglesia.  ¿Qué significó?  Los cristianos primeros confesaron sus pecados y confesaron a su Salvador.  ¡Nosotros debemos hacer lo mismo!

            Los cristianos primeros confesaron sus pecados.  Pedro dijo «A este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»  Y ¿el resultado?  Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos, y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles «Hermanos, ¿Qué debemos hacer?»  Abiertamente confesaron sus pecados. 

            ¡Hacemos lo mismo!  En la semana pasada, cuando les pregunté «¿Somos de acuerdo de que somos pecadores y condenado por naturaleza?» todos ustedes respondieron «Sí, es así.»  No podemos evitar pecado.  No podemos salvarnos a nosotros.  No podemos agradecer a Dios, para que el diga «¡Bienvenido al cielo!»

            Pero Jesús lo ha hecho de parte de nosotros.  Pedro dijo «Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados.»  Así que los cristianos primeros confesaron al Salvador. 

            ¡Hacemos lo mismo!  En la semana pasada, cuando les pregunté «¿Somos de acuerdo de que Jesús es nuestro único Salvador?» todos ustedes respondieron «Sí, es así.»  Él nació perfecto en nuestro lugar.  Él vivía en santa manera para darnos su santidad.  Él sufrió y quitó nuestros pecados en la cruz.  Y él resucitó para darnos la vida eterna.  Por Jesús, el Padre sí nos dirá «¡Bienvenido al cielo!» 

            ¿Qué significa hacerse miembro de esta iglesia?  Sobre todo, confesamos nuestros pecados y, aún más importante: a nuestro Salvador. 

           Ahora bien, nos hemos hecho miembros de esta iglesia.  ¿Qué haremos de hoy en adelante?  Otra vez, los cristianos primeros nos enseñan. 

            Después de la sermón de Pedro, leemos: Así, pues, los que recibieron su mensaje fueron bautizados, y aquel día se unieron a la iglesia unas tres mil personas-- aproximadamente el tamaño de esta iglesia.  Y ¿Qué hicieron?  ¿Se dispersaron?  ¡De ninguna manera!  En cambio: Se mantenían firmes ... Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración. 

            ¡Necesitamos hacer lo mismo!  En esta iglesia, por la gracia de Dios, ustedes han encontrado la enseñanza de los apóstoles.  Es necesario mantenerse firmes en la misma-- por leer la Biblia (posiblemente un capítulo, probablemente del Nuevo Testamento, cada día), y por continuar en estudio del Salvador (semana por semana en esta iglesia).  ¡Hay mucho más aprender!  También es necesario continuar en la oración tanto en la casa como en la iglesia. 

           Y continuamos en la comunión, en el partimiento del pan-- es decir, en la santa cena. 

            Como miembros adultos de esta iglesia, ustedes tienen la bendición de recibir la santa cena.  Y ¡Qué bendición!  Ya hemos oído las buenas noticias de nuestro Salvador.  Ya hemos confesado nuestra confianza en él.  Sin embargo, en la santa cena, Jesús nos hace más. 

            Aquí dice él «Quiero que ustedes no solamente me oyen, sino que ustedes me ven, me tocan, me reciben.  Así „Tomen y coman, esto es mi cuerpo, dado por ustedes.  Tomen y beban, esta es mi sangre, derramada por ustedes."  Son suyos.  Ustedes son míos.  Y será así eternamente.»

            Esto es lo que significa hacerse miembros de esta iglesia.  Le pertenecen a Jesús, y aprenderán de él, y por medio de él: vivirán por los siglos de los siglos.  Amén.