Sermón breve sobre Salmo 118:14-17,22-24

La iglesia de San Marcos

Watertown, Wisconsin

Pastor Karl Walther

14 abril 2001

 

 

 

 

 

 

            Mis amigos queridos: la palabra de Dios por nosotros esta noche es Salmo ciento diez y ocho.  En dos partes nos dice la historia de la resurrección de nuestro Salvador—no suceso tras suceso, sino en manera especial. 

            ¿La primera parte?  Leemos:

            El Señor es mi fuerza y mi canto; ¡él es mi salvación!

            Gritos de júbilo y victoria resuenan en las casas de los justos: «¡La diestra del Señor realiza proezas!  ¡La diestra del Señor es exaltada!  ¡La diestra del Señor realiza proezas!»

            No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor.

            ¿Qué significa? – Pues, estos versículos son historia de una batalla…. 

Una nación enemiga nos amenaza.  Un enemigo terrible, presidente del otro país, ha enviado su ejército poderoso a las orillas de nuestra país.  Millones de soldados nos atacarán. 

Sin embargo, hay ciudadano de nuestra nación que tiene poder inmenso.  El ha ido con sus fuerzas para combatir al enemigo.  El primer relato nos sugerió que nuestro héroe sufrió derrota.

Pero ahora, el relato verdadero nos llega.  ¡Nuestro héroe ha triunfado!  Derrotó al ejército entero del enemigo—cada soldado.  La nación enemiga no puede regresar para amenazarnos.  Así ¡proclamémoslo a todos! 

¿Ven el significado? – Satanás y sus demonios nos amenazaron.  Nos hicieron pecar.  Nos hicieron sujetos al castigo del infierno.  Sin embargo: nuestro héroe, Jesucristo, ha llegado.  Murió—y así durante tres días apareció que fue derrotado.  Pero en el tercer día resucitó—y así venció. 

Y ahora: Gritos de júbilo y victoria resuenan en las casas de los justos: «¡La diestra del Señor realiza proezas!  ¡La diestra del Señor es exaltada!  ¡La diestra del Señor realiza proezas!» 

Y ¿nuestra reacción? – No he de morir; he de vivir para proclamar las maravillas del Señor.  Él vive.  Así viviremos.  Vive eternamente.  Así nosotros hemos de vivir eternamente.  Y este suceso provee la meta de nuestra vida: proclamar estas buenas nuevas. 

 

 

 

 

Ahora bién, el resto del Salmo nos da la segunda parte de la historia. 

            La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular.  Esto ha sido obra del Señor, y nos deja maravillados. 

            Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él. 

            ¿Qué significan estas palabras? – Pues, estos versículos nos muestran dos grupos de constructores.  Hay grupo de algunos constructores originales.  Y hay otro grupo que también construye. 

            El primer grupo de constructores originales tiene muchas materias, y una piedra especial.  Pero en su construcción, no saben incluirla.  Por desgracia, aun la echan a la basura.  

            En cambio, el segundo grupo de constructores no tiene muchas materias.  De hecho, no saben cómo pueden empezar.  Afortunadamente encuentren esta piedra especial.  Sobre este fundamento construyen edificio maravilloso. 

            ¿Ven el significado? – Jesucristo es la piedra especial.  Los primeros constructores, los judíos antiguos, lo rechazaron.  Por gracia, lo hemos encontrado.  Y sobre él, nuestro fundamento, se pone la entera iglesia cristiana del Testamento Nuevo. 

            Ahora: La piedra que desecharon los constructores ha llegado a ser la piedra angular.  Esto ha sido obra del Señor, y nos deja maravillados. 

            Y ¿nuestra reacción? – Éste (y especialmente este día de la celebración de la resurrección de Jesucristo) Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él.  ¿Cómo podríamos querer evitar celebrándolo, domingo tras domingo?  Amén.