Sermón sobre Isaías 53:4-6

La iglesia de San Marcos

Watertown, Wisconsin

Pastor Karl Walther

16 abril 2000

 

 

            Mis amigos, acabamos de escuchar los mandamientos de Dios.  Acabamos de confesar nuestros pecados contra aquellos.  Acabamos de implorar la misericordia de Dios hacia nosotros. 

            ¿Ha perdonado Dios nuestros pecados?  Si es así ¿Cómo pasó?  Pues, leemos Isaías, capítulo cincuentaytreis, versículos cuatro hasta seis--  Ciertamente él, es decir Jesús:

            Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. 

            Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.

            Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.

            Mis amigos, es verdad ¿no?  Todos nosotros andábamos perdidos, como ovejas; cada uno de nosotros seguía su propio camino.  Consideren tu propia vida.  ¿No es llena de codicia?  ¿No es llena de mentiras pequeñas?  ¿No es llena de lujuria?  ¿No es llena de la ira?  ¿No es llena de desobediencia?-- hacia padres, o hacia jefes, o hacia gobernantes. 

            ¡Así es la mia!  Y por esta causa es absolutamente necesario que Dios nos castiga.  Dios es santo Dios.  Así que ama santidad-- y odia pecado: y a los que hacen pecado.  Es enteramente necesario que el santo Dios condena a los pecadores. 

            Y lo ha hecho-- en Jesucristo.  Jesús ha interrumpido el castigo de Dios por nosotros.  El Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.  Tu codicia recayó sobre él en Getsamaní.  Él fue condenado por tus mentiras en sus juicios.  Por tu lujuria sufrió Jesús en la cruz.  Él sufrió todos los dolores del infierno por tu ira pecaminosa.  Y por tu desobediencia -- y mi desobediencia -- murió nuestro Salvador. 

            Así a los ojos de Dios somos absolutamente inocentes.  En presencia de Dios tenemos ninguno pecado.  Por Jesús estamos siempre capacitados para gozar de la bendiciones de Dios eternamente. 

            ¿No es el mensaje de viernes santo?  ¿No nos da único consuelo siempre?  Amén.