Sermón breve sobre Ev. Lucas 23:50-56
La iglesia de San Marcos
Watertown, Wisconsin
Pastor Karl Walther
8 abril 2001
Mis amigos, escuchen la historia de la sepultura de Jesucristo y algún comentario -- según el evangelio de San Lucas, capítulo 23, versículos 50 hasta 56:
Había
un hombre bueno y justo llamado José, miembro del Consejo-- los setenta
lideres de entre los judíos que habían condenado a Jesús a la pena de la muerte
en la noche pasada. Pero: Él no
había estado de acuerdo con la decisión ni con la conducta de ellos. Era natural de un pueblo de Judea llamado
Arimatea-- así se conoce como José de Arimatea. Y lo que es más importante: Esperaba
el reino de Dios -- es decir:
esperaba la llegada del Testamento Nuevo por el nuevo rey, el Mesías.
Éste
José se presentó ante Pilato-- el gobernador romano sobre los
judíos, quien les dio su permiso de crucificar a Jesús. Y le pidió el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo, lo envolvió en una sábana
de lino y lo puso en un sepulcro cavado en la roca-- según la costumbre
de sepultar en aquellos tiempos -- en el que todavía no se había sepultado a
nadie-- porque José lo había cavado para su propio uso. Era el día de preparación -- es
decir: viernes -- para el sábado que estaba a punto de comenzar-- a
las seis de la tarde.
Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea -- centro de su sacerdocio, setenta y cinco millas al norte -- siguieron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Luego volvieron a casa y prepararon especias aromáticas y perfumes. Hicieron planes de regresar y ungir el cuerpo de Jesús. Entonces descansaron el sábado, conforme al mandamiento. Así reclinó en el sepulcro el cuerpo de Jesús: el resto de viernes, el sábado entero, y hasta el domingo.
Ahora bién ¿Qué significa esta sepultura de nuestro Señor? -- Pues ¡Que realmente murió! No sufrió y solamente ayudó en el perdón de tus pecados. No fue castigado y quitó solamente noventa y nueve por ciento de tus transgresiones. Fue castigado y sufrió hasta la muerte. ¡Murió por nosotros!
Así ¿Cuáles son tus pecados? ¿Faltas tú de amor, de alegría, de paciencia? -- ¡Sí! ¿Tú has codiciado, mintido, lujuriado, desobedecido? -- ¡Claro! ¿Tú has faltado de adorar al Señor, de orar continuadamente en su nombre, de estudiar su palabra? -- ¡Seguramente! ¡Yo también! Así hemos merecido el odio de Dios, el castigo del infierno, la muerte eterna.
Pero ¡Cristo murió por nosotros! Él sufrió el castigo del infierno por tu falta de amor, de alegría, de paciencia. Él ha muerto por tu codicia, tus mentiras, tu lujuria. Él sepultó en la tumba tu falta de adorar, de orar, de estudiar su palabra. Te perdonó-- y a mí, también. Éste es el mensaje de la sepultura de Jesús.
Así ¿Cómo debemos reaccionar? Debemos seguír el ejemplo de José. Él honró al Señor (por sepultarlo) a pesar de las consecuencias de hacerlo. Necesitamos hacer lo mismo. ¡Que usemos nuestro tiempo!-- para compartir a Cristo con nuestros hijos. ¡Que usemos nuestros talentos!-- para que otros den acción de gracias a Dios por nuestras obras. ¡Que usemos nuestro dinero!-- para efectuar el predicar del evangelio hasta los confines del mundo. En esta manera recordaremos su muerte apropiadamente. Amén.