Sermones breves sobre los Salmos

Día de Acción de Gracias

Iglesia de San Marcos: Watertown, WI

19 Noviembre 2000

(Pastor Karl Walther)

 

 

 

            Mis amigos queridos:

            Hemos considerado las bendiciones que recibimos tanto de Dios el Padre como de Dios el Hijo.    

            Ahora ¿Qué del Espíritu Santo?  ¿Qué hizo él por nosotros?  ¿Por qué debemos darle a él acción de gracias hoy? 

            Pues, leemos Salmo cincuenta y uno, versículos diez hasta trece:

            Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.  No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu.  Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga.  Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti. 

            Hemos repasado de que el Padre provee por nosotros.  Hemos repasado de que el Hijo nos perdona.  Sin embargo ¿Cómo nos aseguramos que estas bendiciones continuarán?  Somos mortales.  Somos pecadores.  En el porvenir ¿Rechazaríamos estas bendiciones? 

            Entra el Espíritu Santo, y nos ayuda.  Oramos con David: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio-- y Dios el Espíritu Santo lo hace por el bautismo.  Oramos con David: Renueva la firmeza de mi espíritu-- y Dios el Espíritu Santo lo hace por la Biblia.  Oramos con David: No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu.  Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga-- y Dios el Espíritu Santo lo hace por la santa cena. 

            Así decimos: si el Espíritu nos ha lavado en el bautismo, si el Espíritu guarda nuestra fe por la Biblia, si el Espíritu nos da el verdadero cuerpo y la verdadera sangre del Señor en la santa cena -- aunque pecadores -- jamás perderemos la seguranza de la vida eterna con nuestro Salvador.  En estas palabras tenemos la promesa de Dios mismo efectuarlo.

            Así: ¡Devuélvele también al Espíritu Santo la acción de gracias!  ¡Atribúe a Él la honra eterna!  ¡Demos gracias también al Espíritu Santo!  Y: enseñemos a los transgresores sus caminos, y los pecadores se volverán a él.  En las semanas santas que vienen: Invíta a otros aquí.  Queremos -- y quieres -- rescatar las almas tanto de otros como de nosotros....

            Amén.

 

 

            Mis amigos queridos:

            Hemos considerado las bendiciones que hemos recibido de Dios el Padre: Él nos creó; Él nos protege; Él provee por nosotros. 

            Y ¿Qué de Dios el Hijo?  ¿Qué hizo él por nosotros?  ¿Por qué debemos darle acción de gracias hoy? 

            Pues, leemos Salmo ciento tres, versículos diez hasta doce:

            No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades.  Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra.  Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente. 

            ¿Qué hizo Jesús por nosotros?  ¿Por qué debemos darle acción de gracias hoy?  ¡Consideren las palabras que acabamos de leer! 

            No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades.  ¿Qué merecen nuestros pecados?  ¿Qué debemos recibir por nuestras maldades?  --  ¡El castigo del infierno! ¡el lago de fuego y de azufre! ¡tormentos día y noche por los siglos de los siglos! porque ¡hemos rebelado contra el Altíssimo! ¡hemos rechazado los mandamientos del más Excelente! 

            Sin embargo, leemos: No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras maldades.  Tan grande es su amor por los que le temen como alto es el cielo sobre la tierra.  Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente. 

            Mis queridos amigos ¿Qué alto es el cielo sobre la tierra? -- ¡La distancia no tiene fin!  Así ¡el amor de Jesús no tiene fin!  Te ama hoy.  Te amará mañana.  Te amará durante tiempos de alegría y tiempos de tristeza, durante tiempos de buena salud y tiempos de enfermedad, hasta el fin de la vida.  Aun después, te amará.  Después de ciento años te amará.  Después de mil años te amará.  Siempre ¡siempre! te amará Jesús. 

            Y ¿Qué lejos del oriente está el occidente? -- ¡Los dos jamás se encuentran!  Así ¡jamás nos encontraremos con nuestras transgresiones!  Tu idolatria ... ha desaparecido.  Cristo sufrió por ti.  Tu desobediencia ... ha desaparecido.  Cristo murió por ti.  Tu odio, tu lujuria, tu codicia ...ha desaparecido, ...ha desaparecido, ...ha desaparecido.  Cristo resucitó por ti. 

            Así ¡Devuélvele acción de gracias!  ¡Atribúe a Él honra eterna!  ¡Demos gracias a Jesucristo!  Y conforme a esta salvación magnífica: ¡tenemos que aprender más de él! por leer la palabra preciosa de Dios. 

            Amén.

 

 

            Mis amigos queridos:

            En el jueves que viene, celebraremos el día de acción de gracias-- como hacemos cada año.  En este día reconocemos que debemos dar a Dios acción de gracias por todas sus bendiciones. 

            Esta noche recordaremos en tres sermones breves las bendiciones que hemos recibido de Dios el Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.  Lo haremos por tres lecciones del himnario inspirado del Testamento Viejo-- el libro de los Salmos. 

            Nos acordamos de las bendiciones de Dios el Padre por leer Salmo ciento cuarenta y cinco, versículos quince y diez y seis:

            Los ojos de todos se posan en ti, o Señor, y a su tiempo les das su alimento.  Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente.

            Cuando consideramos las bendiciones que hemos recibido del Padre, pensamos inmediatemente de la creación.  Él creó tanto a este mundo por nosotros como a nosotros por este mundo.  Él creó por nosotros el cielo y la tierra, día y noche, las plantas y los arboles, el sol, la luna, y las estrellas, pájaros y pescaditos, tanto gato como ganado, y los seres humanos.  Te creó en el vientre de tu madre.  Te dio el día de tu nacimiento.  Te ha criado.

            ¡Devuélvele acción de gracias! 

            También nos acordamos de su protección.  Has gozado de la protección de tu Padre celestial durante todos los días de la vida.  No has muerto de la enfermedad.  No has muerto de accidente de carro.  No has muerto de cáncer ni de dolores de corazón.  En cambio, Dios te ha enviado a sus angeles para protegerte. 

            Así ¡Atribúe a Él acción de gracias! 

            Y el Padre nos provee lo que necesitamos.  Como leemos: Los ojos de todos se posan en ti, o Señor, y a su tiempo les das su alimento.  Nos da lo que necesitamos.  Nos deja dormir.  Nos despierta.  Nos provee nuestro trabajo.  Nos da nuestro dinero.  Nos da alimento-- cada comida, cada bocado.  Nos provee nuestra vivienda y ropa.  Nos da alegria.  Y nos provee sueño otra vez. 

            Sin embargo, el Padre no solamente nos provee lo que necesitamos, provee lo mucho que deseamos.  Como leemos: Abres la mano, o Señor, y sacias con tus favores a todo ser viviente.  Así que ¿Tienes televisor?  ¡Es don de Dios!  ¿Tienes carro?  ¡Es regalo de Dios!  ¿Tienes familia?  Tu madre, tu padre, tu esposo, tu esposa, tu hija, tu hijo ¡son dones de Dios!  ¿Tienes amigos?  ¡Son regalos de Dios!  Así son ustedes mi bendición; son buenos amigos-- y regalos de Dios, cada uno. 

            ¡Demos gracias a Dios!  Y ¡Hagámoslo juntos cada semana! 

            Amén.